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Asombro vs Hipereducación


En el libro del que hablamos en el episodio 2, Educar en el asombro, su autora Catherine L`ecuyer, nos recuerda de la incompatibilidad que existe entre la hipereducación y la educación en el asombro.

¿Y de qué se trata la hipereducación? En el libro la define como “la obsesión por adelantar las etapas cognitivas y afectivas del niño para que sea un “superniño”. Consiste en convertir los hitos de la vida del niño en una carrera de relevos… (L´ecuyer, 2015, p. 104)


Ella se pregunta hasta donde están dispuestos los padres con tal de que los hijos coticen profesionalmente, y caen en la trampa tan peligrosa de sentir cosquillas al pensar que pueden tener en sus casas al último Einstein o al último Messi…


Pero recordemos lo que tantas veces remarqué en el podcast, (porque la autora no se cansa de repetirlo, basándose en las investigaciones y opiniones de muchos profesionales reconocidos, y expertos en el tema), que “con más estímulos y cuanto antes, no se consiguen mejores resultados”…

“Cuando adelantamos etapas que no tocan, ponemos a los niños en una situación de frustración que podría repercutir sobre su autoestima y crear una espiral de fracaso que puede afectar el desarrollo futuro del aprendizaje” (L´ecuyer, 2015, p. 105)

Es importante que nos convenzamos y que ayudemos a otros a convencerse, de que la infancia es una época de preparación, donde se aprende a pensar JUGANDO… jugando se empieza a estructurar la cabeza del niño para poder aprender significativamente…


Por eso, como dice Catherine, los padres no tienen que ponerse nerviosos o ansiosos porque el hijo no escriba su nombre a los 3 años o no lea a los 4. Ya la mayoría de los expertos lo dicen: recién a los 6 años el niño empieza a tener la madurez intelectual necesaria para poder iniciar el aprendizaje formal de leer, escribir, etc…

Miren lo que decía el mismo Einstein, quien recién a los 8 años empezó a aprender a leer y escribir. Cuando Thomas Edison le preguntó por la velocidad del sonido, Einstein le respondió:

“No lo sé, procuro no cargar mi memoria con datos que puedo encontrar en cualquier manual, ya que el gran valor de la educación no consiste en atiborrarse de datos, sino en preparar el cerebro para pensar por su propia cuenta y así llegar a conocer algo que no figure en los libros”.

A pesar de esto, es lamentable que el paradigma con el que convivimos sea que hay que bombardear al niño desde que nace con estímulos para que sea genial. Es momento de tomar conciencia y de actuar en consecuencia por el bien de las futuras generaciones, de nuestros hijos, nietos y alumnos.


Y Catherine nos recuerda también, que “la infancia debe vivirse cuando toca, con todo lo maravilloso que conlleva esta etapa: la imaginación, el juego, el sentido del misterio, la inocencia, etc. Saltarse las etapas de la infancia es desperdiciar el mecanismo con el que cuenta la naturaleza para asegurar un buen desarrollo de la personalidad.” (L´ecuyer, 2015, p. 110)


Y como explica también Dan Kiley en su libro El síndrome de Peter Pan: el hombre que nunca crece: una infancia mal vivida puede dificultar el paso a la edad adulta. Esto genera adultos con infantilismo…


En esto, como en todo, no podemos olvidarnos de que cada niño tiene un proceso madurativo distinto y no hay una regla fija en cuanto a la edad. Es nuestra responsabilidad estar atentos y acompañar a cada hijo o alumno en este proceso, brindándoles las herramientas que necesitan, pero sobre todo, protegiendo su infancia para que no queme etapas.


¡Nos vemos en el próximo post!



Fuente:

L´ecuyer, C. (2015) Educar en el asombro, Plataforma Actual.

#educar #asombro

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